Tengo que confesar algo. De pequeño quería ser redactor de HobbyConsolas. Sí, lo admito. Me atraía la idea de trabajar jugando a videojuegos, viajar a Japón o a EEUU entrevistando a gente importante… y el hecho de que siempre me ha gustado escribir, como demuestra este weblog. Y he citado a la revista HobbyConsolas porque era la que compraba por aquellos tiempos, pero como os imaginareis, lo que yo realmente quería era un estilo de vida que – seguramente – tenía idealizado. Actualmente, con unos cuantos años más a mi espalda, me doy cuenta de la triste realidad: nada de eso es tan bueno como lo pintan.
Dejé de comprar la revista cuando me deshice de mi MegaDrive, vergonzoso sacrilegio; he de añadir. En los últimos años me la iba comprando esporádicamente, por tratar de revivir aquellos momentos de mi infancia. Hace unos meses compré el número 183, en el que venía un DVD de Nintendo mostrando imágenes de los próximos juegos para Wii y DS. Alternativamente, he comprado en ocasiones MicroManía, o PlayStation (entre otras). Y he ido observando que la evolución de las prensa escrita no ha ido en consonancia con la madurez del mercado ni con los jugadores.
En los últimos años, las revistas españolas se han ido cargando cada vez más de publicidad en sus páginas, en forma de anuncios o en forma de análisis que se me antojan discutiblemente objetivos. Es sorprenderte ver como, en las que otorgan puntuaciones a sus juegos, por muy lamentable que sea el título que están analizando, rara vez baja de 75 sobre 100. ¡¡7,5!! Eso en mi pueblo es un notable… un notable para un juego que cuesta más de 50 euros y merece la hoguera como mínimo y la ruina de la compañía que lo ha puesto a la venta por tener la desfachatez de intentar estafarnos. Eso no es una nota objetiva, eso es un tribunal sobornado.
Otra gran amenaza son las publicaciones electrónicas, como Vandal Online o Meristation, que ofrecen imágenes de mayor calidad, enlaces a vídeos y demos, y se actualizan diariamente. Una revista en formato papel como poco se publica quincenalmente, y la mayoría lo hace mensualmente. Y de extras, mejor ni hablar… alguna vez ofrecen un CD o DVD con vídeos, pero sólo en campaña navideña y promocionado por las empresas del sector. Y eso en un mundo en que se puede acceder a la información diariamente es un sinsentido.
Y por eso me sorprende que aún sigan vivas revistas como la veterana HobbyConsolas. Seguramente seguirán pagando las facturas y los sueldos gracias a las toneladas de publicidad que incluyen en sus páginas, pero me entristece comprarla y comprobar que ni uno solo de los artículos es objetivo, que nunca se mojan al criticar un juego y/o videoconsola, y que en las cartas de los lectores siguen contestando las mismas chorradas vacías de contenido.
¿Hasta qué punto llega a coartar la libertad de un periodista la publicidad? En publicaciones digitales, la cosa también está tomando los mismos derroteros, ya que las compañías envían sus productos para que los analicen las páginas más populares, y les dejen en buen lugar. No sé hasta qué punto les tendrán que hacer caso, pero ya se han dado situaciones en los que por hablar más de la cuenta ha aparecido la sombra de la censura o el cerrojazo informativo.
Tal y como yo lo veo, la única forma de mantenerse íntegro parece ser intentar permanecer al margen y ser independiente. Pero a su vez, es un arma de doble filo, ya que no gozarás de los “favores” de las desarrolladoras, no te invitarán a ferias y tendrás que poner de tu bolsillo para hacer un simple análisis.
El pez se muerde la cola y los perjudicados son (como siempre) los usuarios, que al final son los que pagan su dinero para que les vendan productos de calidad más que dudable. Y si quieren informarse en medios de prestigio, descubrirán que están comprados o que no son tan objetivos como deberían por temor a que les cierren el grifo.
No todo está perdido, desde luego. Esa es la impresión que tengo yo como usuario de medios de comunicación y videojuegos. Por fortuna aún existen publicaciones que no se juegan nada y a los que no les asusta mojarse de vez en cuando y hacer buen uso de su ética periodística. Aún así, me gustaría que apareciese de una vez un medio con estas características, con fuentes fiables y seriedad informativa. Con un enfoque adulto (ya hay demasiadas revistas de Pokémon) y profesional. Algo que intenta – por ejemplo – la revista Edge en su edición española, pero que desgraciadamente no llega a conseguir del todo por culpa del retraso con que nos llega traducida del Reino Unido.
¿Soñar es gratis? Puede ser. Pero si la prensa especializada de otros sectores, como la Informática; ha conseguido que existan publicaciones decentes para todo tipo de usuarios, ¿por qué no iba a pasar con los videojuegos?