
Todo el mundo sabe quién es Harry Potter. Es inevitable ya que es la saga de libros más famosa, vendida e importante de los últimos tiempos. Gracias a ella su autora, J.K. Rowling, se ha convertido en la persona más rica de Inglaterra (por delante de la mismísima reina Isabel) y las editoriales que poseen los derechos de tan lucrativa saga (Salamandra en España) han incrementado sus beneficios de forma espectacular.
Al margen del aspecto económico, el impacto mediático de la obra es apabullante. Cada aparición de un nuevo capítulo provocaba colas interminables en las librerías (quién nos iba a decir que la gente iba a hacer cola para comprar un libro) y oleadas de comentarios en Internet debatiendo todos y cada uno de los hechos de cada capítulo.
Es por esto que la responsabilidad de trasladar la saga a la gran pantalla es enorme. Convertir en película libros tan extensos, con tantos y tan admirados personajes requiere mucha paciencia, mimo, planificación y, por qué no, suerte. Hasta ahora las adaptaciones, sin ser obras maestras, han sido películas bastante entretenidas y espectaculares que, con lógicos recortes, seguían a pies juntillas la trama de la saga así que imaginé que la sexta sería más de lo mismo.
Imaginaos mi sorpresa cuando la vi.
La primera imagen, con Dumbledore abrazando de forma protectora a Potter mientras los periodistas les acosan, es tremendamente esperanzadora. En la entrega anterior, Potter era marginado por sus compañeros debido a su insistencia en el regreso de Voldemort. Nadie le creía por lo que tuvo que combatirle con la única ayuda de sus amigos. Ahora el mundo ha abierto los ojos y Dumbledore entrará de lleno en la lucha. La acción se huele en el ambiente…
Al poco la ilusión se desvanece.
Ignorando por completo el argumento original, asistiremos a escenas modificadas, descolocadas o directamente inventadas. La película se pierde en una serie de secuencias al más puro estilo teen movie que nada tienen que ver con lo leído en el libro. Es cierto que Harry, Ron y Hermione están en plena adolescencia y que todos echamos de menos que haya un poco de tensión amorosa, pero ¿por qué hacerlo tan de golpe? ¿por qué hacerlo a costa de ignorar decenas de hechos importantes? ¿por qué cagarla tanto?
Yo me he leído el libro y me quedé a cuadros. La sensación de alguien que no lo haya hecho no será tan mala pero aún así pensará “¿no se supone que Voldemort ha vuelto? ¿la gente no debería tener miedo?” Y es que ahí está el mayor problema de este guión que se han sacado de la manga: es cierto que me reí con muchas escenas, pero la tensión es inexistente. Se supone que Hogwarts es un fortín que está siendo atacado continuamente por los Mortífagos. Pues, aparte de una escena de cinco segundos donde se ve a tres sombras rebotando contra un escudo al más puro estilo Star Wars, no hay nada. Da la sensación de que Voldemort está de vacaciones, los Mortífagos de excursión y Hogwarts no es más que un campamento de verano. Mal, muy mal.
Este libro es el penúltimo por lo que casi todo lo que pasa es tremendamente importante. Bueno, eso creo yo, porque los guionistas han pensado que la investigación de Dumbledore, las acciones de los amigos de Harry que no viven en Hogwarts y los movimientos de los Mortífagos son totalmente intrascendentes. Únicamente importa si Ron, Hermione, Harry o Ginny encuentran su primer rollete.
Pero olvidemos todos estos cambios, al fin y al cabo esto es una película, la sexta de una serie de ocho y por lo tanto tiene que ser coherente con ellas. ¿Lo es? Pues tampoco. Muchos de los personajes de la quinta, en el mejor de los casos, apenas si tienen una mísera línea de diálogo en esta entrega. Además, lo que sucede en El Misterio del Príncipe tampoco cuadra con La Orden del Fénix. Nadie se acuerda de que marginó a Harry, nadie recuerda a Voldemort, nadie teme a los Mortífagos. Bueno, sí les teme porque, por ejemplo, el Callejón Diagon está medio vacío, pero la película asume que todo esto ya lo sabemos.

En el aspecto técnico, como siempre, la película cumple. La fotografía y los efectos especiales son muy buenos, tal y como deben ser en una súper producción. Por el contrario, las actuaciones son cada vez peores. Rupert Grint (Ron) pasa de ser graciosote a payaso, Hermione (Emma Watson) correcta como siempre y Harry (Daniel Radcliffe) sólo es capaz de poner dos caras: cara seria en plano corto y cara seria en plano largo.
Los adultos cumplen bastante mejor (quizás porque sus papeles son más interesantes). Michael Gambon está muy bien como Dumbledore, Alan Rickman clava al inquietante Snape y Jim Broadment dibuja un original profesor Slugon que es “ligeramente” distinto al que nos imaginamos en el libro.
Pero lo peor de todo es cómo se ha tratado el Misterio del Príncipe… y es que no se ha tratado. El elemento central de la novela, la telaraña que tejía los hechos en el libro y el elemento que da título a la obra se ignora por completo. El total de minutos de metraje que se le ha dedicado no llegará ni a los quince. Sinceramente no lo entiendo. Debido a esto, el final de la película es totalmente anticlimático. Cuando descubrimos el pastel, en vez de quedarnos con la boca abierta pensamos ¿y qué? Muy triste.
Al menos sí que le han dedicado minutos al segundo elemento central de la obra, quizás porque es el núcleo de las siguientes entregas…
Llegados a este punto sólo queda pensar ¿por qué? ¿por qué esta ruptura? Quizás es la falta de planificación. Al contrario que en la trilogía de Tolkien, cada película se ha pensado y filmado de forma independiente. Son productos que, perteneciendo a una misma serie, no se han planificado en común. Se han respetado los actores pero no los directores ni parte del equipo por lo que es normal que haya diferencias. Lo que importa es el dinero así que los productores habrán pensado que lo más lucrativo es fomentar las relaciones entre los personajes, es más barato y vende bien.
Y poco más que decir. No esperéis ver el inicio de la lucha entre Voldemort y las fuerzas del Bien. El Misterio del Príncipe, salvo por los veinte minutos finales (también totalmente alterados), es totalmente intranscendente para la saga. Hará mucho dinero sí, pero también le hará mucho daño a la serie porque, al menos en mi caso, las expectativas para la siguiente son nulas.