
Érase una vez un talentoso dibujante japones llamado Masashi Kishimoto. De su infancia no se conoce prácticamente nada, excepto su fuerte admiración hacia Akira Toriyama. Una admiración que ha influÃdo de manera evidente en su dibujo desde sus inicios. Y es que es difÃcil escapar a esa influencia cuando has crecido al mismo tiempo que lo hizo Dragon Ball.
Para quien ande un poco perdido, Kishimoto es el autor de Naruto. Un manga que arrancó en 1999 y que hoy ya lleva diez años publicándose. Uno se pregunta, si en todo este tiempo, no habrÃa habido tiempo suficiente para terminarlo. Y la respuesta a la que uno llega es que sÃ. Que ya está tardando.
Al principio parecÃa que iba a crear una buena obra. La temática de los ninja era relativamente original, al menos desde el punto de vista que le habÃa dado Kishimoto. Una aldea habitada por ninjas con sorprendentes habilidades, una interesante trama argumental que nos acabó llevando a un torneo y grandes dosis de humor. La fórmula utilizada también se salÃa de lo habitual. Los combates eran inteligentes, las debilidades de los protagonistas se subsanaban con tácticas para quitarse el sombrero, ases en la manga y un tempo con coherencia. Si habéis ido siguiedo este manga al mismo tiempo que se publica en Japón, quizás muchos coincidiréis conmigo en que los mejores momentos los han protagonizado Rock Lee (fuerza y superación) y Shikamaru (inteligencia). ¿El resto de personajes? Traumatizados, dopados, dinosaurios y un protagonista que es tan inútil que el propio autor le tiene manÃa. Estoy seguro de que no habrán sido pocas las noches en que se ha despertado arrepintiéndose de haber llamado a su obra “Naruto” en vez de “Sasuke”.
Este autor en particular representa el ejemplo perfecto para explicar lo que vengo comprobando desde hace tiempo. La mayorÃa de los shonen manga comienzan siendo muy prometedores, luego se vuelven monótonos, para acabar precipitándose hacia el abismo de la decadencia en el que la intriga de cada capÃtulo consiste en averiguar qué personaje se habrá vuelto más tarugo utilizando ves a saber qué “power up”. Pero no es el único, desde luego. Mangas tan populares como “Bleach” o “One Piece” están siguiendo la misma trayectoria, en diferentes fases. Si el primero dejó de perder todo el sentido tras la sociedad de almas, al segundo hace ya mucho tiempo que se le agotaron las posibilidades de sorprendernos. Es la maldición del shonen.
Pensemos por ejemplo en Dragon Ball. En su primera etapa, hay sagas memorables, mezcladas con los momentos cumbre que tenÃan lugar durante los torneos de artes marciales. Se nota que Toriyama lo tiene todo planeado con poco margen para la improvisación, los personajes evolucionan naturalmente e incluso tiene un final más que aceptable. Varios saltos temporales explican la mejora en las habilidades de los protagonistas y no se abusa de los potenciadores (agua sagrada). Sin embargo, la segunda etapa (la que en el anime se dio a conocer como Dragon Ball Z) es el fruto de una profunda fumada del viejo Akira y todo su equipo. Las incoherencias argumentales se suceden una detrás de otra, el guión pierde su chispa de humor absurdo y picardÃa que tan bien esgrimÃa Tori en su época del Dr. Slump… y el lector acaba pidiendo la hora, deseando que se acabe ya tanta tonterÃa que siempre acaba igual: con Son Goku transformándose en super guerrero y lanzando una onda de energÃa cada vez más grande. ¿Y no podÃan zanjar los combates con algo asà desde el principio?
El problema está en el formato
El lastre al que se tienen que enfrentar los autores de manga en Japón es el del formato. Sus mangas aparecen en semanarios, que recopilan los capÃtulos de docenas de mangas en “tochos” de cientos de páginas. No todos pasan por este trámite, pero quien quiere hacerse un hueco en el mundillo y tiene pocos recursos, es un buen trampolÃn. El problema es que la competencia es dura, la audiencia es exigente y (aquà dejo volar la imaginación) las presiones de las editoriales deben ser constantes. Con un formato asÃ, un autor que comienza una obra sin tener claro si va a calar en el público o no, es posible que lo haga sin haber decidido cómo se va a desarrollar el argumento. Algo que se nota demasiado en Naruto, pues poco tienen que ver las primeras aventuras, con el combate contra Zabuza; con el ritmo actual. El manga acaba llenándose de demasiados personajes (tantos como shinigamis en Bleach) demasiado desarrollados como para recordarlos a todos y para que tengan trascendencia en la historia. Y de interrogantes que no se cierran, agotando al lector con un hilo argumental que parece no tener rumbo.
Quizás el ejemplo a seguir sean autores como Takeshi Obata o Takehiko Inoue. El primero, en Death Note (aunque serÃa más bien un seinen) tiene el equilibrio perfecto en lo que a narrativa en un manga se refiere. Una longitud adecuada, una trama cuidada hasta el mÃnimo detalle evitando toda incoherencia e inexactitud, y un final inevitable desde la primera página. El protagonista sólo tiene dos enemigos a su altura, con un carisma claramente definido y un papel crucial dentro del complicado puzzle que forma toda la historia. No hay divagaciones, protagonistas que sobren y sagas insulsas. Y sobre todo, acaba cuando y como debe terminar.

Inoue es otro de los mangakas que más respeto. Si bien con Slam Dunk pecó de algunos defectos de juventud y de un final demasiado forzado y brusco, en Real o Vagabond está demostrando una sensibilidad artÃstica y narrativa que lo convierten en uno de los autores más importantes del momento. Concretamente sigo Vagabond, que aunque aún no ha finalizado, la historia sigue un ritmo adecuado y el protagonista evoluciona de forma natural. Sé que la narración madurará con el personaje de Musashi y que el final llegará cuando toque. Y no cuando el autor se canse de estar bajo el látigo de la editorial del Shonen Jump.
Conclusiones
Llevamos años buscando al heredero del sempiterno Dragon Ball, sin éxito. Fue el primer anime con éxito internacional y su sombra aún es muy alargada. Ninguno ha demostrado estar a la altura de la etapa anterior a DBZ y se han fijado en la peor parte de la historia: la de los pelos amarillos y la pérdida del sentido del humor. Inventar personajes molones y dibujarlos dándose de cates es fácil. Lo difÃcil es que parezca interesante durante tanto tiempo. Siguiendo el ejemplo de la obra de Toriyama sólo se consigue entrar en el mismo abismo de decadencia que llevó al bueno de Goku a tener que pedir ayuda a Satan para derrotar a un monstruo rosa con un muñón en la cabeza con el que convertÃa a sus enemigos en tabletas de chocolate. Y eso, ya se ha visto.
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Yo sigo el manga de Naruto y One Piece, Naruto hace tiempo que lo sigo por simple curiosidad como acabara la serie, poco a poco los supuestos ninjas “prodigios” fueron separados de la trama, Naruto se volvió un hippy, con sus ideales sobre la anti-venganza, desde el principio era una trama bastante simple, estaba claro que Naruto es un personaje obligado a hacer el Heroe, Sobre One Piece, creo que esta fijo como titulo del rey de los shonen, la trama es completamente buena, los personajes tienen personalidad, Oda (autor de One piece) dejo varios misterios de la serie, posiblemente el objetivo de la serie se da en busca del tesoro One piece, pero si tu sigues la trama es de lo que menos importa, desde el principio hasta el momento, el problema es el estilo de dibujo, a muchos se les hace difÃcil ver una serie por que no les gusta como dibuja el autor.
Yo también sigo Vagabond, es un excelente manga, ya que puedes sentir el miedo de los personajes.