
Desde, que allá en la época de finales de los 80 y principios de los 90 no pudiera despegarme del televisor para ver las fantásticas aventuras de unos caballeros de bronce y su lucha por proteger y salvar a su diosa Atenea, que todavía se alargan hasta la época actual. E incluso tratar al balón como mi mejor amigo pensando que podría hacer los regates de Oliver Aton. Me he convertido en un fiel seguidor del anime japonés. Quizás me puedan llamar raro, disperso e incluso friki, pero la verdad, puede que un poquito si que lo sea, aunque a mucha honra.
Después de daros esta breve introducción sobre mis primeros pasos dentro de este género tan infravalorado en España. Pretendo analizar un anime de los últimos que he visto y que para mi es una serie que no puede dejar indiferente a nadie, ya que derrocha tanta frescura y buen hacer, como las series de principios de los años 90. Se trata de la magnífica Kenichi, el discípulo más fuerte de la historia (史上最強の弟子ケンイチ, ”Shijō Saikyō no Deshi Kenichi”).
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