
Cuando ya llevas unos cuantos años en esto de los videojuegos ya no te sorprende prácticamente nada, y es que en cuanto a juegos está -casi- todo inventado. El mundillo está repleto de juegos de fútbol y baloncesto, de shooters “a lo Gears of War” o “a lo Quake”, de juegos de coches, de aventuras y -cada vez más- de minijuegos y puzles, pero de vez en cuando te llega la sorpresa, no porque un juego sea bueno u “original”, sino porque es un juego de esos que te hacen preguntar “¿Pero a quién coño se le ha ocurrido hacer esto?”.
Los juegos minoritarios (por llamarlos de alguna forma) son esos juegos que a una persona “normal”, con unos gustos “normales”, ni siquiera se le pasarÃa por la cabeza comprar. La mayorÃa de estos tÃtulos no salen de la cabeza de un desarrollador, ni tampoco de la de la gente de marketing, ni mucho menos del departamento de ventas; estos tÃtulos vienen directamente de la mente de un jefe al que su nuevo hobby le tiene ensimismado y que piensa que serÃa ideal hacer un juego sobre ese tema ya que “aún no lo ha hecho nadie” (cuando si no lo ha hecho nadie es por una razón). Pero lo más raro de todo en cuanto a los juegos minoritarios es que hay gente que los compra, gente que como el jefazo de la compañÃa al que se le ocurrió la idea le parece que el juego encaja a la perfección con sus extraños gustos.
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