
Cuando a uno le presentan un tráiler como el siguiente, sólo puede acabar pensando una cosa: este juego me va a gustar.
Con esta predisposición, es muy sencillo ponerse a los mandos de un juego. Aunque se trate de una saga de la cual sólo te gustó el primer episodio, el que hizo historia. El que propuso una nueva forma de animar los movimientos de un personaje, de la forma más realista que se habÃa visto hasta entonces. El que reinventó las plataformas para hacerlas saltos acrobáticos en los que la precisión y la agilidad eran la clave. Y el que propuso un sistema de combate a espadas que dejaba el “saltar encima del malo para matarlo” en un concepto bastante ridÃculo.
Este nuevo Prince of Persia recupera la esencia del primero por completo. Quizás por eso también recupera el nombre del original, y se olvida de subtÃtulos. Este nuevo capÃtulo de la saga deja a un lado la acción para centrarse en el plataformeo. Y cuando hay que utilizar la fuerza y la destreza con la espada, se hace en forma de combates más largos de lo habitual en la mayorÃa de juegos en tercera persona.
Lo que está fuera de toda duda es que gráficamente el juego es una obra de arte. Claramente inspirado en Shadow of the Colossus, Zelda: The Wind Waker, Okami, o algunas obras de Hayao Miyazaki. Y con una banda sonora mágica que nos transporta a un mundo idÃlico. Un paisaje oriental, y una ambientación que podrÃa estar sacada de “Las Mil y Una Noches”, que acaba contaminado tras desatarse las fuerzas del mal y la oscuridad, encarnadas en esta ocasión por el dios Ahriman.
La historia comienza con el personaje del “PrÃncipe” ,cuya identidad real está poco definida al comenzar el juego, vagando por el desierto buscando a su burra… Farah. Un simpático guiño a los juegos anteriores, donde Farah era el nombre de la princesa. Nos encontramos enseguida con la princesa Elika, que está siendo perseguida y a quien debemos ayudar a escapar. Enseguida salta una chispa de complicidad entre los dos personajes, que se compenetran a la perfección. A pesar de que al principio sus personalidades chocan, al ser radicalmente opuestas; también se complementan el uno al otro. El prÃncipe es socarrón y descarado, algo que me sorprendió nada más empezar. La princesa Elika, es gentil y tiene una personalidad arrebatadora. Algo que por cierto, le hace comerse con patatas al prÃncipe, y convertirse en el alma del juego. Quizás el personaje femenino del año.
Precisamente son los poderes de Elika los que nos ayudarán a vencer a Ahriman y sus secuaces, en un periplo por restaurar la corrupción que se ha adueñado del reino al ser liberado el antiguo Dios de la oscuridad. El prÃncipe será el guerrero que esgrima la espada, en combates bastante espectaculares y dotados de una cantidad considerable de combos. Ataques que además se combinan con la magia de Elika, y pueden llegar a ser muy espectaculares. Al final, la dinámica será bastante clásica: ir derrotando al jefe final de cada mundo, al que llegaremos recorriendo el escenario a base de acrobacias. Posteriormente, hay que recoger unos orbes espirituales para que Elika recupere fuerzas, y poco a poco ir dejando el mundo tal y como estaba antes de la llegada de Ahriman.

Lo que más me ha gustado
Más allá de los gráficos y animaciones, me han gustado muchas cosas de este Prince of Persia. Por ejemplo, la forma de continuar la partida tras perder una vida. Algo que muchos critican y esgrimen como principal ejemplo de la alarmante casualización de los juegos de hoy dÃa, yo lo considero un paso necesario. Para quien no sepa de qué hablo, me refiero a que cuando el prÃncipe pierde una vida al caer por un precipicio o ser derrotado por un enemigo, el juego hace que la princesa le salve la vida volviendo al último punto seguro. Es decir, antes de comenzar la zona donde nos hemos caÃdo, o al principio del combate con la vida del enemigo a tope. Esta animación logra dos cosas: que tengamos una sensación de continuidad y verosimilitud en el juego, y que no  tengamos que tragarnos la tÃpica pantalla de carga con la barra de progreso, arruinando la ambientación. Muchos lo han criticado diciendo que “en Prince of Persia no se puede morir”. Falso. Claro que se puede morir, pero la gran innovación es la forma de explicarnos cómo revivimos. En muchos juegos el personaje aparece mágicamente al principio del nivel tras fallecer. En otros juegos, nos tragamos la susodicha pantalla de carga o incluso tenemos que restaurar la partida guardada. En Prince of Persia no sólo nos ahorran esa molestia sino que nos dan una explicación creÃble a las continuas resurrecciones del personaje.Â
Mención aparte al doblaje en español, y a la forma de implementar los diálogos. Cuando llegamos a una zona, en lugar de castigarnos con secuencias cinemáticas a lo “Final Fantasy” o “Metal Gear”, simplemente aparece un icono para dialogar con la princesa. Cuando queramos, lo pulsamos y comenzará un diálogo en el que nos explicará cosas sobre el lugar, el enemigo al que tenemos que derrotar, o simplemente charlarán y coquetearán (hay mucha tensión sexual entre ambos). Nosotros decidimos cuándo queremos hablar con nuestra compañera y durante cuánto tiempo, ya que podemos comenzar estas conversaciones en cualquier momento. Y por lo que he comprobado, hay diálogos para aburrirse y no encontrar demasiadas repeticiones de frases.Â
Y sobre todo, el carisma de ambos protagonistas, y la relación que se desarrolla entre ellos a lo largo de la aventura. No sólo en los diálogos que he mencionado, sino en gestos tan sutiles como la forma en que abraza Elika al prÃncipe cuando escalan una pared, o cómo este la aparta suavemente cuando están en un paso estrecho. Una delicia.

Lo que menos me ha gustado
En Prince of Persia me he encontrado con aquello que muchos criticáis de juegos como Assassin’s Creed: se me ha acabado haciendo repetitivo. En general el juego es bastante sencillo. Gráficos impecables, buen doblaje y música, buenas ideas de implementación, pero a la hora de jugar me he encontrado con una falta preocupante de acción y un planteamiento de los escenarios demasiado lineal para mi gusto. Al final, los puzzles no son demasiado complicados, los enemigos tampoco, y el mundo está demasiado vacÃo. Acabas saltando de plataforma en plataforma, correteando por las paredes y escalando, pero con pocas opciones para perderte y explorar.Â
En resumen, Prince of Persia no es un reto, sino un paseo. Un juego artÃsticamente intachable, que ha definido un estilo visual con personalidad propia, pero al que le falta ese “algo” que te marca en los grandes juegos y evita que se te olviden. Es como un romance de verano, al principio es todo perfecto, la primera impresión es buena y no quieres separarte de él. Pero en cuanto se acaba el estado de euforia y descubres que no hay nada más detrás de un buen maquillaje, la desilusión te lleva a guardarlo en la estanterÃa esperando a la próxima oportunidad. Y aunque me ha dejado buen sabor de boca, en el fondo sé que este juego no era para mÃ.
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hola soy magdalena me gusta el, queso
la frambuesa es la mejor del mundo las mariposas son grandes de jala me dicen mis